"Más allá del lugar en donde estés, lo que más importa es hacer lo que te gusta"
Por Daniel Duque
Sensitiva Quintero (Sensi) es instructora de SwáSthya Yôga, una sistematización del Yôga Antiguo realizada por el Maestro DeRose (Brasil). Su nombre habla por sí sólo. Sensi es sensitiva y sensible. Se expresa con seguridad y dulzura.
¿Cuánto tiempo tienes viviendo en Argentina?, ¿por qué viniste a este país?
Llegué en el 2001, justo una semana antes de que se desatara la crisis del ´corralito´ con cacerolazos y agitaciones. Venía de Nueva York en donde viví la pesadilla del 11 de septiembre. En ese momento pensé que el mundo se estaba acabando. Aunque yo estaba contenta porque había venido a visitar a mi familia aquí en Buenos Aires, y además había establecido contacto con este método, el “SwáSthya Yôga”, que me fascinó desde el primer momento, tanto que decidí formarme como instructora. Así fue, vine de vacaciones, mi idea era estar dos o tres meses y luego regresar a Estados Unidos, pero al me quedé.
¿Por qué te gustó tanto el SwáSthya Yôga?
Al principio simplemente porque me hacía sentir bien y porque me gustaba muchísimo practicarlo. El SwáSthya me convenció más que las otras escuelas de Yôga que había experimentado, porque me mostró todo más claro, de hecho, transmitir lo que es esta filosofía verdaderamente es uno de los objetivos de nuestra escuela. También me llamó mucho la atención que es una disciplina fuerte y de resultados profundos, en una sola sesión se siente el trabajo de una manera significativa. Es muy energizante, genera mucha vitalidad.
¿En Venezuela hay SwáSthya?
No, la única persona, que yo sepa, que ha llevado el SwáSthya Yôga allá soy yo. He organizado clases y dictado algunos talleres, y hay varias personas interesadas en formarse como instructores. Pero, por ahora, los venezolanos se tendrían que venir acá o ir a otro país en donde haya escuelas de SwáSthya porque la formación va más allá de practicar y leer libros, es importante el contacto con todo el ambiente de la Unión Internacional de Yôga.
Como mujer, ¿sientes que te ha sido más fácil o más difícil trabajar en tu área?
No creo que haya sido más difícil. En occidente la tendencia es que el Yôga lo practiquen más mujeres que hombres, sin embargo, hoy en día se está emparejando esa situación. En cambio, en la India prácticamente los únicos que practican son los hombres.
Ser instructor de SwáSthya Yôga es un trabajo que exige atención, disciplina, disposición y dedicación, por lo que posiblemente se le puede dificultar a la mujer que desea crear una familia. Los alumnos demandan mucha atención. Transmitir esta filosofía milenaria requiere educar día a día, y hay que hacerlo en un contexto que está lleno de tergiversaciones e información equivocada acerca del Yôga. Mucha gente cree que el Yôga es una especie de gimnasia, que mejora la salud y la columna vertebral, pero la verdad es que va mucho más allá de eso. El Yôga es una filosofía práctica, que no posee teoría. El Yôga es cualquier metodología estrictamente práctica que conduzca al samádhi (autoconocimiento). Esta definición fue propuesta por el Maestro DeRose, fundador de nuestra escuela y es una de las más reconocidas por todo el ámbito del Yôga.
¿Tienes hábitos muy distintos por ser instructora de SwáSthya Yôga?
En algunos aspectos se puede decir que sí. Por ejemplo, para mejorar el nivel como practicante se recomienda eliminar ciertos hábitos que no son aptos para la práctica, como: fumar y tomar alcohol. También se debe mantener una dieta lacto-ovo-vegetariana. Sin embargo, la vida del instructor es bastante normal en cuanto a las actividades del día a día. Como todas las personas tenemos responsabilidades laborales que cumplir, familiares que atender, ir al banco, al chequeo médico habitual, estudiar, salir a comer o a bailar con los amigos, etc. En fin, lidiar con el estrés cotidiano como cualquier individuo, pero con un aspecto a nuestro favor: tener un alto nivel de vitalidad y energía proporcionado por la práctica regular de Yôga
¿Crees que ser vegetariana acá en el ‘reino de la carne’ es más difícil que ser vegetariana en Venezuela?
No lo creo, porque pienso que los argentinos son bastante abiertos y hay mucha gente que está cambiando sus paradigmas. Aunque parezca mentira, he visto mayores reacciones cuando en Venezuela o acá voy a una reunión social y no bebo nada de alcohol. Eso sorprende mucho. Por este motivo, ahora trato de ser más discreta. Simplemente no bebo alcohol porque me siento bien así y no quiero dejar de sentirme bien.
¿Cómo ha sido tu proceso de adaptación en Argentina?
Interesante. Te mentiría si te dijera que ha sido fácil. Igualmente estoy convencida de que más allá del lugar en donde estés, lo que más importa es hacer lo que te gusta, para sentirte bien contigo mismo.
Nuestros países son muy cambiantes y el asunto es aprender a aprovechar las oportunidades. Por ejemplo, en mi caso, los dólares con los que me vine de Estados Unidos pasaron a valer cuatro veces más de la noche a la mañana, aquí en el 2002 y lo que hice fue invertir en mi formación y en abrir una escuela. Además los alquileres en ese momento bajaron muchísimo y pudimos mudarnos a un lugar realmente muy bueno, que en otro momento habría sido prácticamente imposible.

¿Tienes muchas amistades de Venezuela?, ¿alumnos?
Cuando llegué había muy pocos venezolanos aquí en Buenos Aires, pero es increíble la cantidad de gente de nuestro país que se ido viniendo en los últimos años. Y en estos momentos tengo varios alumnos de Venezuela.
¿Consideras que te ha ido bien acá?
Sí, porque he hecho cosas que ni me imaginaba, como tener una escuela con 200 alumnos. Creo que el argentino es bastante receptivo. Sin embargo, acá pasan cosas que sólo ocurren en nuestros países de Latinoamérica, como el exceso de burocracia que dificulta las cosas, el decir pero no hacer, que para algunas cosas son rápidos pero para otras muy lentos o complicados. Creo que los venezolanos tendemos más a la practicidad. A veces me parece, que el argentino tiene el “sí” flojo, se compromete fácilmente, pero no es lo mismo a la hora de cumplir; y para mí esto fue muy contrastante, porque venía de Estados Unidos en donde la palabra tiene otro peso.
¿Qué les recomendarías a los venezolanos que quieren conocer Argentina?
Que vengan porque este país es lindísimo y además la gente es bien especial. A mí me gusta mucho todo lo que he conocido de la provincia, y eso que aún me falta un montón.
¿Qué es lo que más te gusta de Buenos Aires?
En Buenos Aires más que todo me muevo en mi circuito, entre los barrios de Palermo, Recoleta, Puerto Madero y a veces voy a San Isidro. Hay lugares que no conozco bien, como Boedo o Caballito, pero sí me interesa ir conociéndolos más. Cuando voy esporádicamente a un lugar nuevo me asombro de todo lo que se puede encontrar en esta ciudad, hay muchísimas opciones.
Antes de vivir acá yo vivía en Nueva York, y podría decir que no hay tanta diferencia entre la cantidad de opciones culturales que ofrecen estas dos ciudades, de hecho a veces que haya tantas actividades hace que hasta se te quiten las ganas de ir, porque te cuesta escoger.
Y a los venezolanos que vienen a estudiar o a trabajar, ¿qué les dirías?
Que acá hay un nivel profesional y académico bien alto. Por ejemplo, cuando estaba comenzando con este negocio de la Escuela de SwáSthya Yôga me inscribí en varios cursos de asesoría para micro emprendimientos que ofrecían algunas instituciones a un precio bastante accesible, y me llevé buenas sorpresas. Aprendí muchísimo y fue muy útil para mi emprendimiento.
Y para el que viene con intenciones de trabajar pienso que hay bastantes oportunidades; lo crucial es tener creatividad y muchas ganas. A la vez hay que prepararse y armarse de paciencia porque puede resultar demoroso el papeleo de trámites para trabajar en tu área legalmente, para la revalidación de títulos, obtener facturas en la AFIP, etc. En esos momentos uno hasta se cuestiona si Argentina es el lugar indicado, pero si se persevera el resultado es casi siempre favorable.
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